Una de las joyas románticas de mediados de los años 80 editadas bajo el sello Rodven Discos. Este álbum homónimo reúne la elegancia vocal de René Romero con una producción musical impecable dirigida por Ciao Vila y con exquisitos arreglos de Luis Alba. Todas las piezas del disco conforman un trabajo conceptual en conjunto: las letras pertenecen a Nano Chamaro y la música fue compuesta íntegramente por René Romero, logrando una balada pop pulida en los emblemáticos Estudios Intersonido de Caracas.
Hay debuts que no piden permiso, sino que derriban la puerta. En 1985, la mexicana Rocío Banquells, ya consagrada en el teatro musical y la actuación, dio el salto definitivo al formato vinilo con una producción homónima que se convertiría en un pilar del pop melodramático de los ochenta. Tras triunfar en el teatro musical y la televisión, Rocío dio el salto a la música por la puerta grande. Para lograr un sonido imbatible, se rodeó de la dupla de oro de la época: el productor Miguel Blasco y el compositor y arreglista italiano Gian Pietro Felisatti. El resultado fue un disco grabado entre Milán y Madrid que se convirtió de inmediato en un clásico de la radiodifusión latinoamericana.
¡Una absoluta rareza y delicia de nuestra música tradicional con un giro ochentero único! En 1985, el sello Velvet y Sonográfica lanzaron este formidable proyecto instrumental y vocal: Hugo Blanco presenta a Los Hijos de Ña Carmen. Bajo la dirección musical, arreglos y producción del mismísimo maestro Hugo Blanco (junto a Kiko Contreras), este LP tomó una selección impecable de páginas doradas del folklore y la música estilizada venezolana para darles una sonoridad fresca, bailable y rebosante de maestría técnica.
¡Bienvenidos de nuevo al archivo digital de la música hecha en Venezuela! Hoy desempolvamos una producción que merece ser rescatada del olvido y digitalizada con los más altos estándares para las nuevas generaciones. Hablamos de “Bailarina de Papel”, el álbum de 1985 de la agrupación Rhapsodya, editado por el sello Top Hits (TH). Liderados por el talento compositivo de Juan Carlos Sbraccia (autor de todas las letras y música), Rhapsodya logró capturar a la perfección el sonido vanguardista de mediados de la década de los 80, combinando el rock melódico con el pop electrónico y el New Wave que dominaba las ondas radiales de la época.
Hay discos que capturan la esencia de una época y la transforman en un legado imperecedero. En 1985, el panorama musical venezolano recibió una obra maestra de la sofisticación tropical: el álbum homónimo de Carángano, comandado por el multiinstrumentista, arreglista y productor José Luis García. Lanzado por el recordado sello Record Hit, este LP representa un punto de inflexión en el sonido bailable del país, equilibrando la fuerza de la percusión caribeña con una vanguardia tecnológica impecable. Para mediados de los 80, la salsa y la música tropical experimentaban cambios notables en su producción. José Luis García, un visionario de los arreglos, integró de forma magistral la calidez del piano acústico con texturas modernas procedentes del emblemático sintetizador Yamaha DX7 y el Kurzweil 250.Grabado en los prestigiosos estudios Sono Dosmil en Caracas, bajo la ingeniería del técnico Ricardo Landaeta y la producción ejecutiva de Ender Añez, el álbum presume de una mezcla nítida donde cada sección brilla con luz propia. La sección de vientos (con los trombones de Rafael Pacheco y Omar García, junto a la flauta de Ramón García) cabalga con una precisión milimétrica sobre una base rítmica demoledora comandada por la conga, el bongó y el batá de Juan Carlos Viloria.
A mediados de los años 80, el merengue dominicano no solo competía de tú a tú con la salsa en los mercados internacionales, sino que comenzaba a liderar las listas gracias a arreglos vertiginosos, letras pegajosas y un frente de cantantes inigualable. El arquitecto detrás de gran parte de esta revolución fue, sin duda, Wilfrido Vargas. Su producción “Wilfrido ’86”, bautizada popularmente por su arrollador primer sencillo “La medicina”, es un testimonio físico de esa época dorada, tal como lo atesoran las piezas de su arte gráfico.
Si tuviéramos que elegir una banda sonora para la Venezuela de mediados de los años 80, el sintetizador y las guitarras de Aditus estarían en los primeros puestos. En 1985, la agrupación caraqueña lanzó “Juegos de Azar”, una producción impecable editada por el sello Sonográfica que se convirtió de inmediato en un clásico de nuestra cultura pop. Viniendo de raíces más cercanas al rock progresivo y jazz fusión en los 70, Aditus logró en este álbum refinar su propuesta de la mano de composiciones pegadizas, letras cotidianas y una producción musical de altísimo nivel a cargo de Álvaro Falcón y Vicente Rojas, grabada en los míticos Estudios TELEARTE en Caracas.
El 19 de octubre de 1985, el Nuevo Circo de Caracas se vistió de gala para albergar uno de los despliegues técnicos y artísticos más ambiciosos de la televisión local: un programa especial de Sábado Sensacional dirigido por Erik Simonato y comandado por el legendario productor Ricardo Peña Capizzi. Para inmortalizar aquel magno evento que reunió al firmamento artístico del canal de la colina, el sello Rodven Discos editó poco después el codiciado álbum 50 Estrellas para 50 Años.
“Lo Mejor de Simón y Billo”, es una pieza fundamental de la discografía venezolana. Representa el encuentro cumbre entre dos titanes: Simón Díaz, el máximo exponente de la tonada y el sentir llanero, y el maestro Billo Frómeta, el dominicano más venezolano que con su orquesta definió el sonido de la fiesta caraqueña. En este trabajo, el swing de la orquesta de Billo se pone al servicio de la lírica de Simón, logrando versiones bailables de temas que originalmente nacieron en la soledad del llano. Es un disco que rompió barreras sociales y geográficas, uniendo el campo con la ciudad a través del ritmo.
Si hablamos de la identidad sonora de la Venezuela de los 80, es imposible no mencionar a Rudy La Scala. En 1985, bajo el sello Sonográfica, vio la luz Volvamos a vivir, un álbum que no solo reafirmó su estatus de ídolo, sino que demostró su maestría técnica al dirigir y producir su propio material. Volvamos a vivir es un disco que no tiene “relleno”. Cada pista fue diseñada para ser un éxito, apoyada en arreglos de cuerda sofisticados y una instrumentación electrónica de vanguardia para su tiempo (usando el mítico Yamaha DX7 y Prophet 10).